Ya tenemos respuesta sobre la incesante pregunta de si la libertad religiosa de las musulmanas a vestir velo islámico es un derecho inviolable en cualquier situación: en la pista de kart…es mejor quitárselo. Una mujer de 26 años de edad murió ayer en Australia cuando su hijab se enredó en la rueda de kart que conducía mientras pasaba una jornada de diversión con su familia, en un karting de Port Stephens, a 220 kilometros al norte de Sydney.

 

El pañuelo de la mujer se desenrolló de su cabeza con la velocidad y un extremo fue a parar los ejes de las ruedas del vehículo. “No vimos nada. El kart se chocó contra la pared y ella se desplomó; poco más”, afirman los empleados. Los sanitarios de emergencia fueron avisados y la mujer, que sufrió lesiones severas del cuello y la garganta, fue trasladada a un hospital cercano, donde más tarde murió.

 

Existen señales en la pista que advierten de las normas de seguridad a los participantes, incluyendo menciones a no llevar los zapatos sin atar, por si los cordones pudieran enrollarse con las ruedas delanteras. Sin embargo no había ningún aviso sobre bufandas u otro tipo de tocados.

 

Y es que más que sobre las musulmanas con su velo, las pistas de karts hacen verdaderos estragos sobre las mujeres occidentales, que en vez de velo cubren su garganta con bufandas.

  

En febrero, una estudiante británica, Amy Rose Coxall, fue estrangulado hasta la muerte cuando su bufanda se enredó en la rueda de un kart mientras ella estaba de vacaciones en Hong Kong. En diciembre, otra chica, Suzanne Cornwell, de 18 años, murió en un accidente similar cuando su bufanda también se enredó en el motor de un go-kart mientras ella corría en la pista de carreras de Cambridgeshire en el Reino Unido.

 

Son sólo dos de las docenas de víctimas mortales que cada año se unen al binomio “pañuelo al viento-rueda de coche”, cuya lista de muertes inauguró la famosa bailarina Isadora Duncan, que falleció estrangulada en 1927, cuando el pañuelo que llevaba al cuello se enredó en la  rueda trasera de su convertible.

Estrangulamiento+electrocución, una combinación aún más letal